Velocidad ilimitada, ahora

En los ochenta uno podía disfrutar de la velocidad sin muchos problemas, pero eso es el pasado y no se va a repetir. ¿Qué se puede hacer ahora si se quiere correr todo lo posible?

Pues aún hablando del simple hecho de ir a la mayor velocidad posible, no de conducción deportiva en circuito, sí que tenemos algunas opciones.

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EL LAGO SALADO DE BONNEVILLE, UTAH

Es la Meca de cualquier amante de la velocidad, el lugar donde máquinas y personas han llegado a sus límites una y otra vez, para una vez conseguido poner un nuevo límite más alto y volver a intentarlo. Es donde se han batido innumerables récords y forjado mitos que han pasado a la historia.

Aquí no hay ningún límite, ni tráfico que moleste, ni peligros inesperados. Son 16 kilómetros de pista con el único objetivo de ir lo más rápido posible, sea propulsado por un motor, por reactores o por cohetes.

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Pero no nos llamemos a engaños. Ni en sueños vamos a llegar con cualquier cacharro y lanzarnos por la pista larga a emular a Burt Munro. Todo está regulado y organizado detalladamente. Hay una serie de pasos previos para controlar la capacidad de los conductores noveles en pistas más cortas, y los vehículos tienen que contar con unos mínimos sistemas de seguridad. Afortunadamente, ya que eso limita mucho los riesgos.

Allí van un pequeño número de equipos que buscan grandes récords, y una gran masa de aficionados que es la que le da vida. Algunos buscan el record en una de las muchas categorías secundarias, otros simplemente ir más rápido que el año anterior con el vehículo que ellos mismos han construido y con el que van año tras año, o simplemente rodar allí y disfrutar del ambiente y la velocidad. El auténtico Bonneville es ese, y hay sitio para casi todos. En esta página veremos la historia de uno de estos aficionados que acuden allí: un jubilado de 69 años que pasa el año construyendo su sidecar en el garaje de su casa y ha llegado a alcanzar 336 km/h.

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Tiene la peculiaridad de que se celebra en el fondo de un lago salado que en verano se seca. Por ello las condiciones meteorológicas, que determinan el estado de la sal, son tan importantes.

Se celebran dos grandes eventos anuales, SpeedWeek y World of Speed, más varios menores.

La SpeedWeek se suele celebrar en agosto, por lo que hay que aguantar el calor. Como es el más multitudinario los tiempos de espera se alargan mucho. En septiembre se celebra el World of Speed. El nivel de los asistentes es inferior, y su número no llega a la mitad que en la SpeedWeek. Por ambas cosas es quizá más fácil para un primer contacto.

Entre ambos hay un evento sólo para motos, el Bonneville Motorcycle Speed Trials, mientras que a finales de septiembre acuden al Top Speed Shootout los equipos que invite el organizador. En octubre son las World Finals. En este último hace menos calor pero es más probable que se anule por el tiempo.

Acudir con un vehículo propio es posible pero complejo para un aficionado medio que no viva en Estados Unidos. A los obvios costes del desplazamiento se unen los problemas con las aduanas norteamericanas. Además, la inscripción debe hacerse con mucha antelación y se corre el riesgo de que se suspenda si el estado de la sal no es el adecuado.

Una forma más sencilla, pero no exenta de riesgos, es llegar a un acuerdo con un equipo local. Hasta donde yo he buscado, ninguno ofrece un servicio de alquiler puro (aunque alguno sí lo publica, pero una vez puesto en contacto con él la cosa cambia), pero sí hay participantes cortos de presupuesto que admiten “sponsors” a los que permiten usar sus coches o motos por unos miles de dólares.

Si no se quiere uno fiar de en qué manos pone su integridad física, otra opción es comprar allí una moto, sea nueva o de segunda mano. Ya que muchas 1.000 cc modernas son capaces de rozar los 300 km/h sin tocar nada, es una opción barata. Después se vende y vuelta a casa.

En el caso de optar por coches de segunda mano, se pueden encontrar ya preparados, capaces de superar las 200 mph (322 km/h) y con los sistemas de seguridad instalados por entre quince mil y treinta mil dólares.

ALEMANIA: AUTOBAHN

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Posiblemente sea la primera opción que le viene a la cabeza a un europeo. Más o menos la mitad de sus autopistas no tienen límite de velocidad, por lo que resultan unos 6.000 kilómetros disponibles. En la parte negativa, no dejan de ser carreteras abiertas al tráfico, con todos los peligros e inconvenientes que eso conlleva.

Son carreteras bien trazadas, incluso evitando rectas demasiado largas para que los conductores no se duerman, con buen firme y bien mantenidas. Con una señalización eficaz y ajustada a la realidad, por lo que no invitan a pensar que es una estupidez que no hay que respetar si no es por miedo a que te multen. Por las que circulan unos conductores que generalmente respetan las distancias mínimas, la obligatoriedad de circular por la derecha si está libre, la de ceder el paso al que va más deprisa o la señalización en general. Y que cuentan con unas asistencias médicas que están obligadas a acudir en menos de quince minutos a cualquier accidente, para lo que utilizan helicópteros que pagan las empresas aseguradoras.

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Mentalidad alemana en su pura esencia: rígida y eficaz. Si alguien quiere entenderlo mejor, puede ver el documental de Megaestructuras en Youtube (buscar Autobahn Alemania).

Además de la evidente posibilidad de desplazarse allí con tu propio vehículo, al calor del negocio hay varias empresas que alquilan deportivos para el que quiera disfrutar de la velocidad. Son fáciles de encontrar por Internet, aunque en estos casos de poner un vehículo al límite yo no me quedo demasiado tranquilo poniéndome en manos ajenas.

En los últimos años está creciendo el apoyo a imponer límites de velocidad, tanto desde dentro de Alemania como desde la Unión Europea, por lo que no sabemos hasta cuándo tendremos esta posibilidad.

OTRAS OPCIONES EN ESTADOS UNIDOS

Hay muchas más, cada una con sus peculiaridades: El Mirage en desiertos, Texas Mile en pista, Mojave Mile, carreras en carreteras como la Big Bend Open Road Race, etc.

AUSTRALIA

Australia, pese a su pequeña población, tiene tradición de perseguir récords de velocidad. De los dos únicos equipos que están desarrollando vehículos (no me atrevo a llamarlos coches) que intentarán lograr 1.000 mph (¡1.610 km/h!) en tierra, uno es australiano, el Aussie Invader.

Siguiendo la idea de Bonneville, también se celebran carreras en lagos salados asequibles al común de los mortales.

CIRCUITO DE NARDÓ EN ITALIA

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Seguramente has visto videos de este circuito, que entre otros programas ha aparecido en Top Gear, y también se hizo hace unos años una comparativa de velocidad máxima de las motos de 1000 cc.

Tiene una pista circular peraltada de 12’5 kilómetros de longitud.

Actualmente es propiedad de Porsche, y que yo sepa no está abierto al público.

Hay quien hizo algún intento de organizar un evento para que cualquiera con un mínimo de preparación quiera rodar allí, al estilo de los de EE.UU, pero de momento sigue igual.

Cuando se lo comenté a un conocido para ver si íbamos me dijo: “No saben lo que dicen. En Italia, que para eso es igual que España, no se va a celebrar jamás algo así. Nadie lo va a asegurar, nadie va a autorizar que se haga, y aun suponiendo que lograran hacerlo, como haya un accidente los organizadores acaban en la cárcel”. Quizá tenga razón, pero al menos tenemos otras opciones, como hemos visto.

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