Yamaha RD 350 LC

Todavía recuerdo cuando, hace ya muchos años y siendo un chaval, fui con mi padre a ver una Montesa Crono 350. El dueño la sacó del garaje, la arrancó y me dijo que me diera una vuelta.

No quise. Ya había decidido que no la quería. Los dos me miraron como si estuviera chalado. Así que le di las gracias y me fui.

¿Y por qué? Pues porque era una moto que incluso entonces ya era de otra época: tosca, humeante, con un concierto de ruidos que se justificaba con un “es que las Montesa siempre campanean” que siempre me sonaba a excusa. No, yo quería una RD 350. Y no podía pagarla.

Así que hice lo habitual en estos casos. No, no fui a robar un banco. Me fui a una tienda a verla, pero ni allí había alguna. Las pocas que llegaban en los tiempos de los cupos de importación ya estaban vendidas de antemano. Con mi catálogo en la mano me fui a casa, lo pinché en la pared de mi habitación y me dije, bajito por si alguien me oía, “algún día serás mía”.

Este era:

Yamaha Rd 350 LC - Catalogo - 500

Menos mal que ese día llegó.

Tenía sus defectos, no es la mejor moto que he tenido. Ni siquiera fue la moto con la que más he aprendido. Pero, sin duda alguna, es con la que más me he divertido.

No era demasiado potente, en rectas medianamente largas se quedaba corta (190 km/h reales con carenado integral y bien afinada, unos 200 km/h de marcador). La suspensión era mala, con escasa retención de hidráulico en la horquilla y en el amortiguador. Por si fuera poco, la horquilla sumaba además el defecto de un muelle demasiado blando. Los neumáticos, como siempre en las Yamaha de la época, eran ridículamente estrechos, y con las llantas de serie a lo más que se podía llegar era a forzar un Pirelli Demon 130 atrás (el de la Copa RD) en lugar del 110 de serie. Tan forzado quedaba que se deformaba el perfil y se quedaba cuadrado en seguida. Delante había que aguantarse con 90 mm de anchura de serie, que se podía aumentar a un máximo de 100 mm.

¿Pero es que tenía algo bueno? Pues como dice el eslogan, que despertaba tu lado más salvaje. Era ligera para la época, 150 kg, el motor tenía mala leche, y frenaba bien. Su hábitat natural eran las ciudades, donde era la reina de los semáforos, y las carreteras de montaña, en las que bien llevada era capaz de seguir el ritmo o dejar atrás a las pesadas 600 y 750 de entonces. De los semáforos y de las curvas muy cerradas salía en una rueda, y en asfaltos resbaladizos se podía provocar un derrape muy controlable al acelerar. Y sin miedo a gripar, cosa hasta entonces desconocida en otras dos tiempos.

Se decía que era inestable y peligrosa a velocidades altas, pero en realidad lo único que pedía era llevarla con finura. Si lo hacías, te respondía bien.

Otra de sus ventajas era un mantenimiento sencillo y barato, además de la facilidad para prepararla. Por contra, eso mismo ha hecho que muchas hayan sido demasiado toqueteadas con pocos conocimientos y medios, por lo que han llegado a nuestros días en un estado penoso. Las que se mantienen en buen estado se cotizan bien, y es de prever que su precio siga al alza.

Yamaha RD 350 - 1 - 500

En España se corrió con ellas la Copa RD, y también hubo multitud de ellas participando en Fórmula 2 con las 600 cc. Adjunto abajo en enlace a la preparación de la Copa RD inicial (hace poco se corrió otra copa RD, organizada por Deccla), pudiendo pasar desde los 40 CV a la rueda medidos por la revista Motociclismo (que me parecen algo escasos; Yamaha declaraba 63 CV al cigüeñal) a 54 CV. Me he encontrado con quien afirma que su RD híper preparada da cerca de 100 CV al cigüeñal, pero desconozco la realidad de esa cifra.

Como puse en el artículo de los deportivos asequibles de los ochenta, a esta moto le veo muchas similitudes con el Renault 5 turbo. Alto, antes de decir que es un disparate vamos a pararnos a reflexionar, que ya sé que uno es un coche y otro una moto: ambos son de la misma época, eran baratos para lo que corrían, cada uno tenía su forma de patada repentina que envenenaba al conductor (turbo en uno y motor dos tiempos con pocos bajos en la otra), ambos eran fáciles de preparar, se corrieron copas de promoción con ellos, también eran una alternativa asequible para correr en otras categorías … y los dos acabaron con una leyenda negra a sus espaldas.

En mi opinión, la combinación de los factores anteriores hizo que muchos acabaran en manos de conductores muy jóvenes con más ganas de correr que experiencia o cabeza, o que ambas, por lo que tuvieron muchos accidentes Y de ahí la leyenda, ya que es más fácil culpar al coche o la moto que asumir el fallo propio. También para los dos modelos vale que la facilidad de prepararlos hace que actualmente sea difícil encontrarlos en buen estado si no han pasado ya por las manos de alguien que los haya restaurado.

MEJORAS:

Pueden encontrarse por la red la preparación de la RD, publicada en 1986 en la revista Motociclismo, o la página de B52fer, muy conocido en el mundillo de las RD.

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